viernes, 9 de enero de 2015

Explicación de errores en anestesia (1): La muerte de Michael Jackson



Viene del post anterior: La muerte de Michael Jackson (1)

El propofol es una excelente e indispensable droga hipnótica en anestesiología. Induce de manera suave y placentera el sueño. Tiene corta duración de acción -el paciente despierta en aproximadamente diez minutos tras una dosis en "bolo"- y la recuperación es asombrosamente buena. Por si fuera poco, tiene acción antiemética (contra náuseas y vómitos).

Ventilación manual con Ambu
A dosis plenas deprime la respiración y puede disminuir notablemente la presión arterial y frecuencia cardíaca, pero ello no constituye mayor problema con un anestesiólogo en la cabecera del paciente manejando un dispositivo para ventilación manual (Ambu) y listo para administrar vía intravenosa un fármaco que normalice presión arterial y frecuencia cardíaca.

La lengua ocluye la vía aérea en el paciente dormido (derecha). La posición en "olfateo" de la cabeza permeabiliza la vía aérea
Muchas veces una dosis de "sedación" de propofol no deprime exactamente la respiración, pero provoca que una lengua "relajada" por la sedación caiga hacia atrás y bloquee la vía aérea. Esto se resuelve colocando la cabeza del paciente en posición de "olfateo" (así se vence la obstrucción de la vía aérea por la lengua) o, como último recurso, provocándole dolor (un "pellizcón) para que despierte.

Queda claro pues, estimados visitantes, que el propofol es una droga de uso exclusivo en sala de operaciones o unidad de cuidados intensivos (en un hospital o clínica) y es potente inductor de un sueño de corta duración.

Michael Jackson se sometió a innumerables cirugías estéticas y, en el proceso, se benefició -y se enteró- de las bondades del propofol. Así que solicitó a su médico personal, Conrad Murray, que se le administre esta droga para combatir el insomnio. La petición fue aceptada.


El Dr. Murray (cardiólogo) actuó tal cual anestesista negligente e irresponsable. Administró al "Rey del Pop" propofol "a domicilio" (como muchos anestesistas lo hacen en "clínicas" inadecuadamente equipadas) y, una vez administrada la droga, lo abandonó y se fue a otra habitación a conversar por teléfono durante un buen rato (como muchos anestesistas dejan a sus pacientes en el quirófano para salir a tomarse un café). El Dr. Murray falló también en no advertir a Michael de que el propofol produce períodos cortos de sueño.


Michael Jackson murió simple y llanamente porque no tenía a nadie a su lado, en ese fatal instante, que le sitúe la cabeza en "olfateo" (manteniéndose así abierta la vía aérea) o que le de un pellizcón (despertándolo del sueño reiniciando la respiración).
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