miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un buen jefe de anestesiología significa menos casos de mala praxis (1)


Un jefe de departamento o servicio de anestesiología debe tener autoridad, ponderación, competencia en la especialidad y capacidad de resolver situaciones de apremio que se dan en la administración diaria de anestesia.

Un jefe de anestesiología debe ser capaz, entre otras cosas, de asumir la atención y compensación de pacientes quirúrgicos con enfermedad severa que algunos de  sus anestesiólogos subordinados no pueden –o no quieren- asumir.

Un grave problema que frecuentemente acontece en servicios de anestesiología es la suspensión o postergación injustificada de intervenciones quirúrgicas que, al perjudicar la salud del paciente, generan casos de mala praxis en medicina. La causa no es más que la inexperiencia o incompetencia de anestesiólogos que prefieren “quitar el cuerpo” antes de “complicarse la vida” atendiendo un caso difícil.

Y el problema de la generación de casos de mala praxis se agrava con un jefe de anestesiología carente de autoridad e idoneidad para enseñar al inexperto y sancionar al incompetente.

El siguiente reporte periodístico trata del asunto arriba descrito.

Posponen una y otra vez cirugía electiva 
Conflicto Gobierno /Médicos expulsa a resignados pacientes de hospitales públicos (W Moreno) 02/octubre/2010

Que Mendoza arrastra una patología crónica difícil de revertir en materia de salud, no es un tema nuevo. Lo dicen los especialistas, lo repiten los gremios hasta el cansancio y, sobre todo, lo sufren los pacientes cada vez que deben volver a su hogar con su dolencia a cuestas sin haber podido pasar al consultorio.


Pero la situación se recrudece más aún cuando la falta de acuerdos entre el Gobierno y los trabajadores de esta área genera suspensiones en las cirugías y restringe la capacidad de respuesta del sistema al máximo.

Para los especialistas, las consecuencias, lejos de pasar desapercibidas, conllevan a un deterioro progresivo de la calidad de vida de la población. Esto a su vez, trae aparejadas pérdidas económicas abultadas, aunque difíciles de calcular debido a la atención posterior que requieren los casos que, por no ser atendidos a tiempo, se complejizan.

"No es lo mismo atender una enfermedad a tiempo que cuando ya ha evolucionado mucho o generado una discapacidad. Si tuviéramos que pensar en lo que eso significa para el Estado deberíamos pensar en cifras incalculables", aseguró Ignacio Berríos, presidente del Círculo Médico, quien consideró que a lo largo de los años los distintos Gobiernos "fueron absolutamente indiferentes a los problemas de la salud".


Pacientes postergados

La situación por la que tuvo que atravesar Anabel Quiroga (33), resume la problemática. Es que al igual que otras tantas madres, ella fue ayer al hospital Humberto Notti. Desde muy temprano, salió de su casa de Colonia de Segovia en colectivo para retirar los remedios que su hija Victoria, de dos años, necesita por la obstrucción lagrimal que aún tiene en uno de sus ojos.

En febrero, la niña fue intervenida para mejorar su vista, pero -en realidad- los médicos habían recomendado la operación cuando ella tenía sólo cuatro meses.

"Me suspendieron la cirugía 17 veces y si bien la nena no tuvo consecuencias graves, sí me causó muchas complicaciones. En noviembre me dicen que la vuelven a operar y de allí otra vez hay que esperar", expresó la mujer y aclaró que hubo algunos medicamentos que no estaban en la farmacia del hospital.

En el próximo post continuamos: Un buen jefe de anestesiología (2)
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