martes, 18 de noviembre de 2014

La eutanasia y el anestesiólogo [parte 3]


Viene del post anterior: La eutanasia y el anestesiólogo (2)

Este blogger nunca podrá olvidar lo ocurrido a un familiar muy querido, una persona magnífica, muy jovial, de muy buen sentido del humor y que nunca se enfermaba. Un día me entero que se le había diagnosticado fibrosis pulmonar avanzada, y que no había posibilidad de cura. El neumólogo pronosticaba, a lo mucho, unos seis meses de vida. No había nada qué hacer, sólo esperar el fatal desenlace.

Pero nadie imaginó que hasta llegar el fatal desenlace acontecería la más cruel de las agonías.


La fibrosis pulmonar idiopática (no se sabela causa) es la cicatrización o engrosamiento de los alveolos pulmonares. La unidad anatómica y funcional pulmonar es reemplazado por "tejido cicatrizal" incapaz de realizar intercambio gaseoso y lleva a una reducción en la transferencia de oxígeno a la sangre. Esta enfermedad produce una cicatrización extensa del pulmón. El pulmón se va convirtiendo poco a poco en una masa fibrosa (paulatinamente, en la práctica, el paciente se va quedando sin pulmones).

Se cree que esta afección es el resultado de una respuesta inflamatoria a un agente desconocido. La enfermedad se presenta con más frecuencia en personas entre 50 y 70 años de edad.


A medida que progresa la fibrosis, el enfermo es consciente y sufre horriblemente de la falta de oxígeno en su organismo, se da cuenta de que cada vez debe hacer un enorme esfuerzo estéril para respirar y las fuerzas lo abandonan. La más atroz forma de morir.

Los enfermos terminales con este tipo de sufrimiento se merecen una eutanasia. Es decir, una muerte digna, tranquila, sin sufrimiento, que un anestesiólogo competente puede otorgar. Una inyección de un hipnótico más un relajante muscular (dosificada y administrada con mucho criterio) pondrá, de hecho, fin a una agonía larga, despiadada e inútil.


Lamentablemente, nuestros legisladores no darán luz verde ni legalizarán esta pura acción de humanidad y misericordia. Nos repetirán hasta el cansancio tonterías como "¡no puede ser! sólo Dios nos da la vida, sólo él nos la puede quitar".


Ojala algún día se autorice la eutanasia en nuestro país. El público se sorprendería gratamente de cuánto bien puede hacer nuestra especialidad a los seres humanos.
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