martes, 4 de diciembre de 2012

Top 10 (tristemente) célebres anestesistas. TOP 8: Dr. CARLOS CHICHEÑÓ, el anestesista mediocre, servil y barato por excelencia

El Dr. Carlitos Chicheñó, prototipo del nerd servil y tonto útil en anestesia
Chicheñó (sonido de la expresión "Sí, Señor" deformado): apodo que se aplica a las personas de carácter benévolo y complaciente que no tienen la personalidad para proferir una negativa rotunda.

El Dr. Carlos Chicheñó nació en la comunidad de Chupamedias, provincia del Arrastrado, dentro del territorio de la Arquidiócesis del Servilismo.

Desde muy pequeño comenzó a protagonizar grandes hazañas como sobrevivir al duro bullying escolar de los años ochenta, cuando sus compañeros le bajaban el pantalón y le escupían sus cuadernos y Carlitos, en retribución, les hacía sus "homeworks" y se dejaba arrebatar el refrigerio que con tanto cariño le preparaba su tía abuela.

Durante su especialización en anestesiología también fue víctima del bullying de los residentes de cirugía, quienes lo obligaban a confeccionar historias clínicas de pacientes de su servicio, a ceder la cena que invitaba el hospital en la guardia y a caminar desnudo de noche por los pasillos del dormitorio de las internas de enfermería.

El joven y manipulable Dr. Carlos Chicheñó, cuando el residente de cirugía le decía cómo debe administrar una anestesia.

Casi cuando el Dr. Chicheñó finalizaba su entrenamiento en anestesia ocurrió un hecho que cambiaría su vida. La Clínica Saint Paul del barrio de Monte Delicioso en Lima, Perú, agobiada por una severa crisis económica, requería anestesistas aborregados y baratos que administraran anestesia cardíaca bajo órdenes e indicaciones del cirujano.

-El Dr. Carlitos Chicheñó es el candidato ideal. Trabaja como esclavo y no reclama que le paguenexclamaban felices los Drs. Roldán y Magallinas (ambos en esta lista de Top Ten, también), anestesistas de la clínica.

Y así el Dr. Chicheñó se dedicó a la anestesia de pacientes cardíacos en la Clínica Saint Paul prácticamente sin saber leer ni escribir, bajo la estricta vigilancia del cirujano y de la enfermera perfusionista, que lo ponía en su sitio cuando se le ocurría sugerir alguna medida terapéutica.

-¡Carlitos, no te olvides que el anestesista obedece al cirujano, y seca su frente que está sudando!- gritaba furiosa la perfusionista.

-Perdón. En este instante le paso la franela y la frente le queda bien seca- contestaba arrepentido Carlitos.

Carlitos Chicheñó, en su debut como expositor en anestesia para cirugía cardíaca

Pasaron los días y la Clínica Saint Paul se recuperó de su crisis económica gracias al ahorro que significó programar personal técnico para labores de licenciadas en enfermería y a anestesistas mediocres en lugar de anestesiólogos cardiovasculares.

Con el fin de que el Dr. Chicheñó siga haciendo de esclavo, para beneplácito de los directivos de la clínica, el jefe de quirófano Dr. Magallinas le hizo creer el cuento de que se había convertido en anestesiólogo cardiovascular y lo propuso como ponente para el próximo congreso peruano de anestesia.

La Sociedad Peruana de Anestesia, que suele programar conferenciantes que no tienen la menor idea de lo que están exponiendo, recibió con los brazos abiertos a Chicheñó para que dé cátedra en anestesia cardíaca.

-Invitar a exponer a los anestesiólogos del Instituto del Corazón es un problema porque son expertos y competentes- declaraba el presidente de la Sociedad. Y experiencia y competencia son virtudes que no encajan con la política de la junta directiva.
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