lunes, 31 de diciembre de 2012

Top 10 (tristemente) célebres anestesistas. TOP 6: Dr. LOY CHÚÑEZ, impresentable ex-presidente de una sociedad de anestesia igualmente impresentable

El joven Dr. Loy, en los años de su residencia en anestesia

I

El Dr. Loy Chúñez nació en el barrio de Los Ridículos, distrito de La Payasada, provincia de Cantinflas. Desde muy pequeño destacó en diversas materias en el colegio, excepto en lectura y oratoria. Sus maestros pagaron muy caro el error que cometieron al encargarlo leer el discurso navideño, durante alguna ceremonia de clausura de algún año escolar.

–“San Pedro comía como bestia, y todos los días dormía sobre una vieja. Éste era el santo…” –exclamaba el alumno Loy, ante el asombro y las carcajadas de la concurrencia.

– ¡No! ¡Así no es, carajo! –corrigió vociferando el curita del colegio, al borde de un ACV hemorrágico. Lo correcto es “San Pedro comía como vestía; y todos los días dormía sobre una vieja estera el Santo…”.

Cuán grave sería la escasez de anestesistas en nuestro país, años atrás, que el Dr. Chúñes paso a formar parte del staff de anestesiólogos del prestigioso Hospital del Cáncer. Y cuánto le sonreiría la diosa fortuna, que llegó a ser nombrado presidente de ese club social de amigos conocido como Sociedad de Anestesia Nacional  (entidad a la que, lamentablemente, no tienen más remedio que asociarse verdaderos y competentes anestesiólogos del país).

La gestión del Dr. Loy será recordada por sus “brillantes” e “impactantes” discursos de apertura de importantes congresos de la especialidad (muy parecidos a aquella lectura en el colegio), enalteciendo en las almas de sus colegas presentes ese sublime y apabullante sentimiento que es la vergüenza ajena.

El Dr. Loy, en uno de sus emocionantes y muy elogiados discursos

II

La Sociedad Nacional Inca de Anestesia vivía sus días de apogeo. En su amplio, cómodo y muy fácilmente ubicable local (situado en las entrañas de un inmenso complejo habitacional multifamiliar) la directiva dialogaba dando los últimos toques a la organización del congreso nacional de la especialidad:

–Para inaugurar el certamen, un impactante y delicioso discurso del Dr. Chúñez –aclamó la junta directiva.

El edificio tembló producto de los ruidosos aplausos.

–Para los temas de anestesia cardíaca el expositor será el Dr. Magallinas –propuso el vicepresidente.
–Ese anestesista no practica esa subespecialidad –expresó algo preocupado uno de los vocales.
–Pero funge de jefe en un hospital importante y sabe buscar muy bien en la internet artículos recientes y hace muy buenos resúmenes –sentenció el vicepresidente.

Toda la directiva estuvo de acuerdo en que conferencie al Dr. Magallinas.

El muy conocido y fácil de ubicar local de la Sociedad de Anestesia, situado en el edificio D-99-III noroeste, piso vigésimo segundo, departamento 22-a, fila izquierda del complejo habitacional

–Ha llegado un trabajo de investigación de una colega uruguaya –dijo el secretario. Pero no deberíamos aceptarlo pues se trata de una patología extraña que no se conoce en nuestro país.
 – ¿Y cómo se llama ese esotérico trabajo? –preguntó el Dr. Chúñez.
– Se llama “Anestesia en la Tetralogía de Fallot” –contestó el secretario.

La directiva decidió unánimemente no dar pase a semejante muestra de investigación estrafalaria.

Cuenta la historia que, en un intento de hacer frente a la mala fama de la Sociedad de Anestesia, un entusiasta grupo de colegas fundó la Sociedad de Anestesiólogos Cardiovasculares.

Fracasaron. Puesto que, para empezar, la mayoría de sus miembros temblaban de miedo y no sabían qué hacer cuando tenían que dar anestesia a un paciente con un bloqueo incompleto de rama derecha.
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