domingo, 19 de junio de 2011

Villanos en anestesiología (2): el pediatra precipitado



Increíble lo que sucedía durante las guardias diurnas y nocturnas en la clínica Pablo Santo, del barrio de Montaña Rica de esta capital. Llamaban a menudo de la sección pediatría de la emergencia para programar a un niño a resonancia magnética cerebral. Bueno, era justo y necesario evaluar al pequeño paciente antes del procedimiento a fin de evitar sorpresas. Y sí que las había.

Nos encontrábamos con un joven pediatra muy preocupado (de los que reemplazan al médico de staff recibiendo un mísero salario, como le ocurría a uno) que indicaba la resonancia porque el niño "se había caído de cabeza de la cuna al piso" y quería descartar una "hemorragia cerebral".

Nosotros, muy preocupados también, acudíamos a la habitación del niño y lo hallamos en los brazos de su mamá con buen semblante, completamente activo, pidiendo entre sollozos sus alimentos y rogando que se lo llevaran a casa en el acto. Lucía ante nuestros ojos de médico general como un paciente clínicamente sano. E iniciábamos el interrogatorio con la mamá:

-Buenas noches, soy el Dr. Warfarino Pentotal, anestesiólogo.
-Mucho gusto, soy la señora Graciela Muñiz.
-¿De qué altura cayó su niño aproximadamente?
-Creo que de un metro, la altura de la cuna.
-¿Perdió la consciencia?
-No.
-¿Vomitó?
-Tampoco.
-¿Convulsionó?
-Nada que ver.
-¿Por qué lo trajo a la clínica?
-Porque parece que le duele la cabecita. Además, tengo un seguro de salud caro que ni lo utilizo.
-¿A qué hora fue la última vez que comió su bebé?
-Hace una hora y media. Fue un biberón de leche chocolatada y una papilla de manzana bien servida.
-¿No le dijo el pediatra que hay que administrar anestesia general y que es peligroso hacerlo con estómago lleno?
-No.
-¿Qué le dijo?
-Que no había peligro. Que era un procedimiento rápido y que el anestesista sólo administraba "una pequeña sedación".

¡Inaudito! Esto no se puede permitir por los siguientes motivos:

1) El bebé está clínicamente sano, no requiere (al menos por el momento) una resonancia. En todo caso, por precaución, sería aconsejable tenerlo algunas horas en observación antes de enviarlo a su casa.

2) Los niños no pueden recibir sedación, pues nunca van a colaborar con el procedimiento. Requieren estar profundamente dormidos, y eso se llama anestesia general. Y toda anestesia general tiene un riesgo que vale la pena correrlo siempre y cuando la gravedad del paciente lo necesite.

3) Es muy peligroso administrar anestesia general (peor si ésta es innecesaria) con estómago lleno.

4) No se ha dado una información adecuada a la mamá, se han subestimado los riesgos del procedimiento.

Y así, muy tontamente, podemos vernos involucrados en un caso de mala praxis médica, en la figura de imprudencia o negligencia, si ocurre alguna complicación. El  Dr. Moises Ponce Malaver, en su interesante artículo Responsabilidad Médica, afirma que:

El término imprudencia viene del latín IN: Privativo, sin y PRUDENTIA: prudencia. Es realizar un acto con ligereza, sin las adecuadas precauciones; es decir, es la carencia de templanza o moderación. O también, la conducta contraria a la que el buen sentido aconseja, emprender actos inusitados fuera de lo corriente, hacer más de lo debido; es o implica una conducta peligrosa. Es la violación activa de las normas de cuidado o cautela que establece la prudencia, actuando sin cordura, moderación, discernimiento, sensatez o buen juicio...

El término negligencia viene del latín NEGLIGO: descuido y NEC – LEGO: dejo pasar. Es el descuido, omisión o falta de aplicación o diligencia, en la ejecución de un acto médico. Es decir, es la carencia de atención durante el ejercicio médico. Puede configurar un defecto o una omisión o un hacer menos, dejar de hacer o hacer lo que no se debe. Es no guardar la precaución necesaria o tener indiferencia por el acto que se realiza. La negligencia es sinónimo de descuido y omisión. Es la forma pasiva de la imprudencia y comprenden el olvido de las precauciones impuestas por la prudencia, cuya observación hubiera prevenido el daño...

La imprudencia y la negligencia suelen ser las caras de una misma moneda. Por ejemplo: indicar una innecesaria resonancia magnética cerebral (imprudencia) y administrar anestesia general con estómago lleno (negligencia).

No queremos pensar mal pero, a raíz de que esta situación acontece frecuentemente, parece que algunos malos médicos indican una innecesaria resonancia magnética a un niño esperando el buen pago del procedimiento por la compañía de seguros, olvidándose de modo imperdonable de la seguridad del paciente y sin importarle un comino desinformar al familiar, afirmando de que se trata de un procedimiento corto y hecho bajo "una pequeña sedación". Ahí sí que el adjetivo del título del post pasaría de "precipitado" a "sinvergüenza".
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