sábado, 22 de octubre de 2011

Un buen jefe de anestesiología significa menos casos de mala praxis (2)

Sucedió de verdad. Aunque usted no lo crea. En sala de operaciones de emergencia, de un conocido hospital de la capital, donde se atienden muchos ex-obreros.

Un bebé de pocos días de nacido, aquejado de hidrocefalia severa, complicada con hipertensión endocraneana grave y encefalopatía hipóxica, hace su ingreso al quirófano de urgencias.


Era una tarde de viernes nada especial. El personal pensando ya en el descanso de fin de semana. Algunos cirujanos impuntuales exigiendo al asustadizo jefe de anestesia les conceda una sala de operaciones, no obstante lo avanzado de la hora. El jefe tratando de complacerlos, de esa manera no dejaría de operarse un paciente y, principalmente, no se alterarían las estadísticas ni buenos indicadores de su jefatura. Permanecería mucho más tiempo en ese puesto administrativo. Aseguraría su bienestar y el de su familia. Pues, si lo sacan de la jefatura, sería un desastre en un puesto asistencial. Se darían cuenta los gerentes de su incompetencia. Lo echarían del trabajo.


El bebé está en estado crítico. Se llama Irving. Desde la puerta del ascensor, la bella neonatóloga y su acongojada joven madre le hacen adiós con la mano, que te vaya bien guagua linda, que te vas a sanar pronto.


El cerebro está alojado dentro de una cavidad ósea, el cráneo. Un líquido, también dentro del cráneo, hace que el cerebro permanezca "flotando", amortiguando cualquier golpe que podría dañarlo. Es el líquido céfalo-raquídeo (LCR). El LCR circula fluidamente por el encéfalo. Cualquier obstrucción a esta libre circulación ocasionará un "embalse" de LCR. La "hidrocefalia". El embalse aumentará significativamente la presión dentro del cráneo. La "hipertensión endocraneana". Este aumento de presión comprimirá el cerebro, alterando sus funciones. Como la regulación de la respiración, por ejemplo. En este caso, el bebé verá paulatinamente deteriorada su capacidad para respirar, la compresión de su cerebro por la hidrocefalia evitará que pueda oxigenarse adecuadamente. La "encefalopatía hipóxica". Hay peligro de muerte. Se nos muere la guagua. ¡Hay que actuar rápidamente, carajo! ¡A sala de operaciones, ahora!

Causas de hidrocefalia en bebés

La solución es quirúrgica, es urgente. Queda poco tiempo. En unas horas pueden ocurrir paro respiratorio, paro cardíaco, muerte cerebral. Hay que desembalsar el LCR. ¿Cómo? Se deriva, mediante una válvula, el LCR desde el acueducto obstruido donde se embalsa, el "ventrículo cerebral", hacia otra cavidad natural del cuerpo humano, el peritoneo, en el abdomen. La "derivación ventrículo-peritoneal".


En unas horas llega la muerte. Sí, "la pálida", "la pelona". La verdadera eterna rival del anestesiólogo, del intensivista. Aquélla a quien enfrentamos todos los días de nuestra carrera. Aquella a quien muchas veces le arrebatamos los viejitos que viene a llevarse consigo, viejitos que ya le corresponden, hace buen rato. Aquélla quien nos arrebata vidas jóvenes, que no debimos dejar partir, recordándonos lo falibles que somos, lo mucho que nos queda por aprender y mejorar en el hospital y en nuestro hogar.


Irving está ya en quirófano. Cirujanos, enfermeras esperan se inicie la anestesia para operarlo y salvarle la vida.

El joven anestesiólogo ajusta el dedal del oxímetro de pulso, en uno de los minúsculos dedos del bebé. Hay que monitorizarlo bien antes de dormirle. Hay que observar con qué valores de funciones vitales iniciamos la cirugía.  El nene está en mal estado. El caso es muy difícil, ojala no me hubiera tocado. Me da miedo de que se me muera.


La pantalla del monitor muestra un valor de saturación de oxígeno de sólo 64%. Su función respiratoria está muy alterada, dice el anestesiólogo. No voy a poder anestesiarlo. No va a poder operarse ahora. Que lo examine el neumólogo, que compense su mal estado.

El neurocirujano no lo puede creer. El bebé respira y oxigena mal porque tiene encefalopatía hipóxica, ya pues,  le dice al anestesiólogo. El único modo de compensarlo es operándolo. Caray, colega, no joda, si postergamos la cirugía se va a morir. ¡Caramba! ¡Qué incompetencia! Llamen al jefe de anestesia.


Llega a sala de urgencias el jefe de anestesia. Luce preocupado. Lee la historia clínica. Habla, a solas en un rincón, con el anestesiólogo de turno. Éste le reitera su intención de suspender la cirugía. Ahora el jefe luce asustado, entra en pánico.

Sabe que es una operación de urgencia, que no se puede suspender. Es consciente que debe suplir la deficiencia del novato colega y, así, dar cátedra, demostrar por qué se es jefe.

Pero no. Sus limitaciones le impiden hacer el rol del jefe. Sabe que no podrá manejar el complicado caso de Irving. Teme que se le muera el paciente, teme hacer el ridículo.


El jefe dice que "mejor que lo vea al nene un neumólogo, y más tarde lo operan".

¿Cómo? -Interrumpe el cirujano. Jefe, el bebé se va a morir. ¡hay que operar pronto!

El jefe se entretiene en explicaciones pueriles. Tratando que pase el tiempo y acabe su turno de jefatura.

¡Por el amor de Dios! ¡Cómo van a suspender la intervención quirúrgica! ¡Se nos va a morir la guagua! Indignada está la guapa neonatóloga, al momento de enterarse. Lo lógico es que el jefe de anestesia, que sabe que se trata de una operación de urgencia, impida que se suspenda. Él  tiene que hacer el trabajo.

Pero, nada que ver. La inexperiencia del anestesiólogo de turno y la incapacidad de su jefe van a mandar a Irving a una muerte segura...


Estimado colega: No se puede suspender cirugías de urgencia. Hay que ver cómo las afrontamos.

Estimado jefe de anestesia: Usted está ahí para enseñar y dar ejemplo a los jóvenes. Para solucionar problemas. Tiene que saber resolver cualquier caso, por más difícil que parezca. Para eso es  jefe.
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